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people & stories / gente y cuentos | |
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“Sé cuáles
son las dos palabras secretas”, dice doña Carmen con mucha seguridad,
mientras discutimos “Dos Palabras” de Isabel Allende durante una sesión
de Gente y Cuentos en las aulas del P.S.9, durante el verano del 2008.
Estas sesiones fueron acopladas al currículo
de las clases de alfabetismo en español en el Family Welcome Center del
Bronx., un programa del New York City Department of Education’s Office
of Adult and Continuing Education. Como especialista de recursos
bilingües para el NYS Spanish BETAC, llegué como representante de Gente
y Cuentos para presentar cuentos en español a los estudiantes adultos.
La clase
estaba conformada por adultos latinos, entre los 21 y 78 años, que
asistían a la escuela —algunos de ellos por primera vez— para aprender a
leer y escribir en español. Para todos, el español era su lengua
materna. La mayoría tenía menos de dos años de educación formal y la
clase les estaba ayudando a aprender el alfabeto, a escribir sus nombres
y a leer textos sencillos.
Para la
mayoría, era la primera vez que habían escuchado cuentos de los
“grandes” de la literatura latinoamericana: García Márquez, Isabel
Allende, Ana María Matute, entre otros. Los estudiantes se entusiasmaban
con cada sesión, saludándome con besos y abrazos cuando llegaba al salón
de clases cada semana. Las discusiones fueron de lo más variadas e
intensas, desde un análisis de los cuentos profundo y con sabiduría, a
pesar de que la mayoría sólo
podía escuchar y no decodificar el texto.
El
comentario de doña Carmen se refería a las dos palabras secretas que
Belisa Crepusculario, la “vendedora de palabras”, le dio como regalo a
su cliente, el temido y peligroso Coronel, quien añoraba dejar las armas
y empezar una nueva vida como político. Las dos palabras de la mujer lo
persiguieron hasta dejarlo angustiado, distraído e incapaz de poder
concentrarse. Para mí, era obvio que estas dos palabras estaban
dispuestas para llevar al Coronel al borde de la locura.
Les pregunté
a los estudiantes qué pensaban. Con sus setenta y ocho años de edad,
Doña Carmen no vaciló en contestar. “Las dos palabras”, comenzó
con un tono muy dramático en su voz, “estoy
segura cuáles eran: Por fuera eres duro como una piedra, pero por
dentro eres suave como una oveja. Esas eran las dos palabras.
Mantuve
silencio por un momento. Había murmullos, algunos asentían con lo dicho
por doña Carmen, ya sea con gestos u otras palabras: “Sí,
sí, esas eran las dos palabras exactamente.” Doña Carmen, aunque no
podía leer el cuento por sí sola,
pudo hacer lo que todo amante de la literatura hace: logró proyectarse a
sí misma y a su sabiduría en el texto y de esta manera, darle sentido.
Más tarde,
otro estudiante comentó, “esa historia es la historia de mi vida. El
amor hizo que cambiara
mi vida.” El grupo había logrado vencer sus inhibiciones sobre la
lectura para acceder a la esencia de la buena literatura – ayudar a
comprendernos a nosotros mismos. |